Sin menospreciar la remuneración anual, la motivación principal de los socios y socias no es el afán de lucro, sino el convencimiento de que hay que controlar el destino de nuestro dinero.

Por una parte, para superar la paradoja de poder estar contribuyendo a financiar iniciativas contradictorias con nuestros propios principios éticos y solidarios y, por otra, contribuir a vehicular recursos financieros a proyectos económicos que transformen la realidad en positivo, acorde a los principios de la economía social y solidaria.

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