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COOP57
rige su actividad basándose en los principios de la banca ética:
PRINCIPIO DE COHERENCIA
Evitamos la contradicción de que nuestro dinero pueda estar financiando
proyectos contradictorios con nuestros principios éticos y sociales
(como por ejemplo, la industria armamentista, las centrales nucleares, el
dumping social, la explotación infantil, los regímenes dictatoriales,
la expoliación ambiental, etc.).
PRINCIPIO DE COMPATIBILIDAD
Compatibilizamos el rendimiento financiero y el rendimiento social. Uno
no puede ir disociado del otro. Los criterios de uso del dinero se basan
en indicadores relativos de riesgo, pero no de máximo rendimiento
para la entidad y sus socios en detrimento del rendimiento social.
PRINCIPIO DE PARTICIPACIÓN
Fomentamos la responsabilidad de los inversores ahorradores, como ciudadanos
y ciudadanas, en sus operaciones financieras.
Hacemos de la participación en la política de la entidad de
las entidades socias y de los socios y socias colaboradores una de nuestras
señas de identidad. En definitiva, pretendemos recuperar el control
de nuestros ahorros y recursos económicos y promover la autogestión
financiera.
PRINCIPIO DE TRANSPARENCIA
Aplicamos una absoluta transparencia en la gestión de la entidad,
tanto en la concesión de los préstamos como en las inversiones.
Toda entidad socia y todo socio y socia colaborador sabe perfectamente para
qué sirven sus recursos.
Publicamos dos veces al año un boletín informativo electrónico
donde se incluye la lista de préstamos acordados con cada entidad
beneficiada, así como el volumen y la duración de cada préstamo.
La memoria anual culmina esta voluntad de transparencia.
PRINCIPIO DE SOLIDARIDAD
Las entidades socias y los socios y socias colaboradores sabemos que nuestro
dinero contribuye a construir una economía más humana y solidaria.
Además, podemos manifestar nuestra solidaridad fijando, nosotros mismos
en la Asamblea, la tasa de remuneración de los ahorros.
PRINCIPIO DE REFLEXIÓN
Reflexionamos continuamente sobre los principios que deben orientar nuestra
acción. Entendemos el comportamiento ético como un proceso
y repensamos racionalmente los valores que deben orientar nuestra acción,
y nos adaptamos a los valores y principios que consideramos justos y prioritarios.
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